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Publicado 16 May 2026 10:00

· Fuente: Europa Press
¿Poco tiempo? Te resumimos esta noticia y aclaramos las dudas más habituales en un vistazo.

Cuando uno entra en la Escuela de Arte de Toledo se da cuenta de que está en un edificio único y diferente. Este centro ha colgado numerosos reconocimientos en su medallero a lo largo de sus 124 años de existencia. El de ser, junto a la de Madrid y la de Sevilla, uno de los centros creativos más antiguos de España, asentarse en un edificio Bien de Interés Cultural, ser Instituto Histórico de Castilla-La Mancha o albergar una de las mayores colecciones de reproducciones artísticas a nivel nacional.

Además de ser incubadora de grandes artistas, el clima de cercanía y empatía que llena las aulas de este templo del arte le hace lucir desde este miércoles un nuevo galardón, el que le ha entregado el Gobierno de Castilla-La Mancha en reconocimiento de su trabajo contra la LGTBIfobia, cuyo Día Internacional se celebra este domingo.

Con la escultura de Asunción Caballero, el Ejecutivo regional premia su modelo de «educación integradora, que valora la diversidad y la atención a las distintas realidades personales y sociales del alumnado, incluyendo de manera expresa la diversidad afectivo-sexual y de género».

Pero esta apuesta por la igualdad y la pluralidad de la que hace gala el centro toledano, no es de ahora. Ya en su inauguración, en los albores del siglo XX, el que fuera su primer director, Matías Moreno, abogaba por la democratización de las clases y la igualdad de sexos. Una declaración de intenciones que se ha mantenido a lo largo de los años con un variopinto alumnado.

«Es muy heterogéneo, libre, con un pensamiento muy diverso, que hace que la escuela sea un espacio abierto, culturalmente muy atractivo», asegura en declaraciones a Europa Press su director, Carlos Sánchez.

No en vano, el equipo directivo lleva años apostando en su programación por la igualdad y la libertad de género, para que los muros que delimitan este centenario edificio lo conviertan en un espacio de crecimiento personal y seguridad.

«Aquí da igual cómo vengan, da igual cómo sean o cómo se llamen. Aquí se trata a todo el mundo por igual», y se prioriza el «trato a la persona».

«Intentamos que la gente se sienta libre, independientemente del género», defiende el director de centro que, gracias al trabajo y a la puesta de su profesorado por la diversidad, ha hecho de la pluralidad su bandera.

«Entienden que la escuela es un espacio seguro en el que puedan estar tranquilamente, independientemente de lo que piensen. Creo que eso es valedor para tener esa conciencia de escuela».

GARANTIZAR EL BIENESTAR EMOCIONAL DEL ALUMNADO

Al margen de su rica oferta creativa, que combina lo tecnológico y oficios milenarios como el damasquinado, es ese espacio libre de prejuicios el que atrae a muchos de los estudiantes, por el hecho de garantizar su bienestar emocional. Así lo atestigua Ana Valbuena, que lleva más de una década acogiendo y dando clases de Dibujo Artístico.

«No podemos decir que solo vienen a dar rienda suelta a su creatividad. Hay algunos que sí, pero hay muchos casos en los que se encuentran tranquilos, seguros. Aquí no hay personas raras. No entendemos ese tipo de concepto. Creo que, en general, se sienten arropados tanto por sus compañeros como por los profesores».

Tal es el apego que llegan a generar, que les cuesta cortar el cordón umbilical que les une al centro. «Las graduaciones siempre son un poco llorosas. Pero es cierto que su paso por la escuela les sirve de puentecito para pasar de esa inmadurez inicial a la madurez. Se van al mundo un poquito más firmes. Estamos hablando de chicos con una edad que necesitan que les echemos una mano, tanto para escucharlos de manera personal como también a nivel creativo».

Aunque en la escuela se imparten muchas conferencias y talleres en materia de diversidad sexual, Valbuena pone el foco en la experiencia que el profesorado ha ido adquiriendo a partir de las confesiones del alumnado. Esa escucha activa hace que, en muchos casos, se sientan más seguros que con sus propias familias.

«Cuidamos desde el primer día muchos detalles, como el tema de los nombres. Yo creo que por eso ellos se encuentran un poco más seguros, porque no terminamos poniendo ni etiquetas ni haciendo clichés».

Satisfecha de que el galardón reconozca el trabajo que durante años el elenco de maestros de este centro ha llevado a cabo para que «todos se sientan protegidos», añade que tampoco han hecho nada especial, solo tener las puertas y la mente «abierta» para que «nadie se sienta excluido».

LOS BRAZOS INCLUSIVOS DEL PROFESORADO

A Alex Cerrudo le va a costar salir de este refugio, en el que dice sentirse «más seguro» que en la calle o en otros centros educativos por los que ha pasado.

«Cambia radicalmente. Esa conexión alumno-profesor es lo que más voy a extrañar», asegura. Tras cursar Bachillerato de Artes y el Grado de Ilustración en un ambiente «cómodo y abierto», comienza a dar sus primeros pasos en el mundo laboral en un estudio de tatuaje.

«Ha sido una buena experiencia. Cuando llegué, con 15 o 16 años, venía con mucho miedo porque no tenía ningún amigo. Pero se me recibió bastante bien. Los profesores, los que más abrían los brazos para incluirnos. Son muchas memorias, muchos momentos especiales», rememora.

«En estos cuatro años, uno pasa de ser un adolescente un poco asustado, que no sabe qué pensar del mundo, no tiene una opinión muy clara, a salir como un adulto, ya con experiencia y con una opinión más sólida, incluso con la mente más abierta de lo que podía venir, y con unos conocimientos que no se encuentra en otros lados», valora.

Pero la rueda de la enseñanza no para. Así, con el acicate de este galardón, el templo del arte toledano se encuentra inmerso en un nuevo proceso de admisión de alumnado con el que renovar sus inquietudes creativas y encarar un nuevo curso en el que soplará las velas por su 125º aniversario.

Un siglo y cuarto de vida que lo han convertido en un referente, no sólo educativo, sino también de transformación social y personal, al conseguir cambiar la conciencia de una ciudad anclada a su pasado, pero que mira al futuro abrazada a la modernidad.


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