Los cinco siglos de tradición maderera de Valera reciben el impulso de las Ayudas Sociales 2026 de Fundación Eurocaja

Publicado 31 Jul 2026 14:42

· Fuente: Europa Press
¿Poco tiempo? Te resumimos esta noticia y aclaramos las dudas más habituales en un vistazo.

VALERA DE ABAJO (CUENCA), 31

El Ayuntamiento de Las Valeras, consistorio que aglutina la gestión de Valera de Arriba, Valeria y Valera de Abajo, ha sido uno de los beneficiarios de la convocatoria correspondiente a 2026 de las ‘Ayudas Sociales’ que despliega la Fundación Eurocaja Rural, una aportación destinada a un plan de desarrollo sostenible e inclusivo de una industria presente desde hace cinco siglos en la localidad conquense.

El alcalde de Valera de Abajo, Daniel Pérez Osma, ha reivindicado que «la carpintería es Valera y Valera es carpintería», un oficio desde que en el siglo XVI los Marqueses de Valera quisieran construir aquí su palacio.

«Se asentaron los mejores carpinteros de la época y se ha mantenido de generación en generación hasta tener más de cien empresas. Es nuestra seña de identidad y tradición», ha señalado.

Empresas familiares que se enfrentaron también a las sucesivas crisis en todos los sectores, lo que ha hecho que ya la última generación no esté tan vinculada a la profesión.

Ha habido, por tanto, «una crisis generacional para continuar el legado de las carpinterías», que en todo caso espera que se dé por solventada en el corto plazo.

La carpintería de Valera es, además, «el pulmón industrial de toda la provincia», con un alto PIB industrial entre su población, tal y como asegura el primer edil del municipio.

Y es que son «centenares de personas» las que trabajan en carpintería, atrayendo también a población a un núcleo rural hasta el punto, incluso de apenas contar con vivienda disponible para todos los que quieren recalar aquí.

Puertas incluso con «diseños patentados» y originales del pueblo, ejecutadas con una mano de obra que «ha aprendido a tratar la madera de generación en generación», haciendo de sus piezas ejemplos de artesanía con ADN propio y reconocibles más allá de las fronteras españolas.

ALEJANDRO, EJEMPLO DE TRADICIÓN

Alejandro es de los más veteranos artesanos de la madera en Valera. Ya jubilado y con casi 90 años, junto al olmo centenario del pueblo, rememora sus inicios en el oficio. «Mi padre me quiso poner de pastor pero me hice carpintero», apunta echando la vista atrás hasta seis décadas.

Un periplo como maestro que le llevó a tener a varios empleados a su cargo. «Antes salíamos cargados con las puertas a venderlas durante quince días de pueblo en pueblo. Conozco Andalucía mejor que Cuenca», recuerda.

«Entonces, casi nadie hacía puertas, no había carpinteros, y había pueblos donde nada más llegar, se las rifaban», afirma Alejandro tirando de memoria. «Y en el pueblo había más de cien furgonetas que salían todos los días a colocar puertas. Se vendía mucho».

En la actualidad, aunque menos cantidad, «hay talleres que sacan dos camiones cada semana» de su propia producción, rumbo a grandes almacenes.

Una tradición que le llegó, cómo no, de su padre, alargando así un legado que traspasa generaciones. «Pero ahora, la gente se va a estudiar carreras».

ÓSCAR O EL ORGULLO DEL «PUEBLO DE LAS PUERTAS»

Óscar, artesano de la madera en una de las empresas locales, explica de su lado que la tradición es lo que da la vitola a las puertas de Valera. «Nuestros mayores han ido viendo de qué manera hacer las mejores puertas, y a nosotros, tercera generación, eso es lo que más nos ha influido».

Un orgullo identitario para todo un pueblo del que sale «mucho material al extranjero», y si bien no son todos los que sacan puertas más allá de España, hay negocios que trascienden el territorio español.

Pese al gran número de empresas, asegura que hay «trabajo para todas» e incluso «falta mano de obra que quiera venir a aprender el oficio».

«Poco a poco los oficios se están perdiendo, la gente los está dejando como si no dieran un nivel de vida», lamenta, si bien luce el orgullo de que «todo el mundo conozca a Valera como el pueblo de las puertas».

«HAY COSAS QUE NO SE APRENDEN EN LA UNIVERSIDAD»

Arsenio, otro de los trabajadores que llevan toda la vida perpetuando la seña de identidad de todo un pueblo, asegura que las técnicas que se han heredado en el pueblo son la clave del éxito.

«Siempre hemos evolucionado, implantando nuevas técnicas pero respetando también lo de siempre, que es lo mejor», afirma, defendiendo que «lo más importante es la formación». «Hay cosas que no se aprenden en la universidad o en cualquier cuso de carpintería».

A esto suma «experiencia» y tesón para aprender a hacer un gran trabajo, «aprendiendo de los padres» para continuar con su legado. «Aquí no tiramos diez mil puertas al día, aquí la cosa va despaciom hacemos puertas rígidas, fuertes y que no cambian de moda», remata.


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