El peligro de enfermar en la Amazonía peruana: trayectos de hasta 15 horas para recibir atención médica

Publicado 8 Aug 2026 11:21

· Fuente: Europa Press
¿Poco tiempo? Te resumimos esta noticia y aclaramos las dudas más habituales en un vistazo.

Las distancias, la falta de infraestructuras y de recursos pone en riesgo la vida de miles de menores y jóvenes en el norte de Perú, con una fuerte presencia indígena

BAGUA (PERÚ), 8 (De la enviada especial de Europa Press, Paula Domínguez)

Neumonía, anemia, malaria, tos ferina, VIH e incluso desnutrición crónica son solo algunas de las patologías que presentan los pacientes que llegan al centro de salud de San Lorenzo, una de las principales ciudades de la Amazonía peruana donde más del 70% de la población es indígena.

En esta localidad situada en el departamento de Loreto, la región más extensa de Perú y que alberga a una treintena de grupos originarios, residen alrededor de 60.000 personas, de las cuales al menos la mitad tiene menos de 18 años, por lo que la mayoría de personas que acuden a esta suerte de clínica de titularidad pública son niños o adolescentes.

Sin embargo, las capacidades del centro para atender las necesidades de los pacientes son muy limitadas, lo que obligaría a su traslado a otras ciudades, de no ser por las enormes distancias y la limitada conectividad que desde hace décadas enfrentan las comunidades de la selva amazónica y que hace que incluso algunas familias desistan de acudir.

El destino más cercano a San Lorenzo para derivar a una persona con un cuadro médico complicado se encuentra a 45 minutos en vuelo o doce horas por río, lo que pone en grave riesgo la vida del paciente. Se trata de Yurimaguas, cuyo centro carece de Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) pediátrica a pesar de atender a poblaciones tan jóvenes.

«Si Yurimaguas no nos da (una) solución, tenemos que coordinarnos con Iquitos», indica Liseth Durand, responsable de promoción de la salud en San Lorenzo, en declaraciones a Europa Press, extendiendo aún más el peligro, dado que solo hay dos vuelos por semana de San Lorenzo a Iquitos, mientras que para Yurimaguas sí hay trayectos diarios.

De este modo, un menor que no pueda ser atendido en San Lorenzo y tampoco en Yurimaguas, necesitará ser trasladado a casi 850 kilómetros para poder recibir la adecuada atención médica.

Así lo explica Carlos Albrecht, oficial de salud y nutrición para el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en Perú: «Imaginemos que un niño con neumonía de Andoas, a diez horas de San Lorenzo, llega acá (al centro médico) diez horas después y no se puede tratar. Necesita ir a Yurimaguas. Si no hay avionetas son otras diez o doce horas hasta que finalmente es asistido, en caso de que lo acepten. Si no, tendría que ir a Iquitos».

En respuesta, la agencia de la ONU trabaja junto a organizaciones indígenas, autoridades peruanas y la financiación de la Unión Europea para fortalecer sistemas de alerta temprana que permitan a estos territorios identificar riesgos y activar respuestas oportunas ante emergencias más allá del ámbito sanitario, como por ejemplo incendios o casos de violencia de género.

En este contexto nacen los comités comunitarios de emergencias y desastres, una suerte de brigadas indígenas organizadas, entrenadas y equipadas por entidades como UNICEF y Acción Contra el Hambre (ACH) con material médico como botiquines y camillas, un ordenador con el que pedir ayuda a las autoridades locales y megáfonos para alertar o informar a la población en caso, por ejemplo, de necesitar evacuarla ante el riesgo de inundación.

Al menos cinco comunidades indígenas de la provincia Datem del Marañón ya cuentan con este tipo de comité, entre ellas Trueno Cocha y Puerto Industrial, que se encuentran a cinco y 15 horas respectivamente desde San Lorenzo en chalupa, una embarcación pequeña a motor. Estos grupos de gestión de riesgos y respuesta a emergencias dan así una cierta, aunque limitada, autonomía a más de 1.600 personas que residen entre las citadas comunidades.

ONU SE ALÍA CON LÍDERES COMUNALES Y RELIGIOSOS PARA CONCIENCIAR SOBRE PRÁCTICAS QUE SALVAN VIDAS

El proyecto de UNICEF incluye campañas de vacunación, con desplazamientos de «brigadas de atención integral de diez, 15 ó 20 días constantes» para llevar las vacunas a algunos de los territorios más remotos de la Amazonía, explica la responsable de San Lorenzo, que advierte al mismo tiempo de la dificultad para que estas lleguen a su destino en buen estado.

«Las vacunas las tenemos pero la cadena de frío es muy importante. Si no aseguramos la cadena de frío, no podemos llegar hasta el último poblado porque no garantizamos una vacuna segura. (….) A veces no hay puntos con los que poder retroalimentar la cadena y evitar que esta se rompa o bien no tienen las condiciones para ello», señala.

Preguntada por la actitud de la población local hacia las vacunas, Durand reconoce que también influyen factores culturales dado que en la zona conviven y trabajan con al menos siete grupos indígenas distintos: awajún, wampís, kichwa, candoshi (kandozi), achuar, shawi y chapra, además de población mestiza.

«Ellos tienen su cultura, su forma de pensar. Además los grupos cristianos tienen un poquito de rechazo. Algunos se niegan porque dicen que la vacuna mata», apunta sobre una zona en la que las iglesias evangélicas, en particular las adventistas, han experimentado en las últimas décadas un fuerte impulso entre los autóctonos, si bien también hay presencia católica.

Así, son claves las campañas de sensibilización, por lo que el equipo de UNICEF trabaja con profesionales sanitarios y líderes locales con el objetivo de fortalecer sus habilidades de comunicación para brindar información oportuna sobre los beneficios de las vacunas, pero también sobre nutrición o prácticas como el lavado de manos.

«También nos hemos acercado a los pastores evangélicos para sumarlos a todas estas actividades de movilización comunitaria en Datem del Marañón. Los consideramos importantísimos para la difusión de prácticas que salvan vidas como es precisamente la vacunación», relata Ysabel Limache, oficial de cambio social y comportamiento de UNICEF.

Aquí es donde cobra relevancia el enfoque intercultural, que consiste en «conocer y comprender» a las personas objetivo, para diseñar estrategias y actividades que se adecúen a ese conocimiento y esa realidad sociocultural. Para Limache, la clave está en «que las personas puedan sentir que esas actividades se suman a su vida diaria, que no se (…) les genere algún tipo de cuestionamiento», lo que facilita la sostenibilidad de los proyectos.

De este modo, los pacientes que acudan a los distintos centros de salud encontrarán los carteles e informaciones en cada una de las lenguas nativas, además del español, empleadas en la zona y las mujeres pueden dar a luz a través del parto vertical -una práctica tradicional en las comunidades indígenas donde la gestante da a luz de pie que además reduce el dolor y facilita la expulsión del bebé-.

«Eso se refleja en el trabajo que hacemos con el apu -líder- de cada comunidad indígena. Reconocemos quiénes son, cómo son, qué piensan, el nivel de influencia sobre las familias, sobre las decisiones que toman las familias en salud, en educación (…) Porque si optas por fortalecer lo que ya existe en la comunidad, estás generando condiciones para que esas actividades puedan permanecer en el tiempo una vez que las instituciones salen del territorio», explica.

Más allá de los suministros y los equipos, destacan desde UNICEF, es la «mirada integral» y la «escucha social» lo que facilita que las comunidades se empoderen y se autoorganicen en un entorno aislado y ante décadas de ausencia del Estado.


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