Trueba pone «el cine al servicio de la música» con ‘Bajañí’, película que es «un acto de amor» a Niño Josele

Publicado 22 Sep 2026 15:05

· Fuente: Europa Press
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El cineasta ha buscado con este trabajo «tratar al público como a tu mejor amigo, para que se vaya feliz»

SAN SEBASTIÁN, 22 Sep. –

El director Fernando Trueba pone «el cine al servicio de la música» con ‘Bajañí’, película que se proyecta fuera de concurso en la Sección Oficial de la 74 edición del Festival de San Sebastián, y que es «un acto de amor» al músico Niño Josele.

Trueba, que ha ofrecido una rueda de prensa junto a Niño Josele, protagonista del filme, y los productores Antonio Carreto, Damián Muñoz París y José Carlos Conde, ha apuntado que comenzaron a pensar en este proyecto «antes de la pandemia».

Según ha explicado, ‘Bajañí’ «no es una película obvia, desde el punto de vista industrial, comercial de mercado». Así, se ha felicitado por que se «cruzaran en nuestro camino» Carreto, Muñoz París y Conde, a los que les contó el proyecto, «desde el principio les gustó mucho y se ofrecieron a producirla».

El cineasta ha resaltado que han podido hacer la película «con total libertad», sintiéndose «muy bien arropados». «Hemos hecho un poco lo que soñábamos, con estos tres actos, cada uno en un continente distinto, en un universo musical diferente, pero con la guitarra de Josele atravesando todas esas músicas». «A día de hoy, Josele y yo nos pellizcamos de que haya sido posible», ha añadido.

Fernando Trueba ha asegurado que ‘Bajañí’ tiene «muchas cosas en común» con ‘Calle 54’, filme que rodó en el año 2000, en el sentido de que «son dos películas donde el cine está absolutamente al servicio de la música».

«El cine siempre lo que hace es servirse de la música, desde que existe el cine porque apenas inventaron los hermanos Lumière el cine, empezaron a poner pianistas, cantantes, incluso orquestas y gente acompañando las películas en todas las partes del mundo, es decir, que para luchar contra el ‘horror vacui’ y ese del silencio de las personas ya se usaba la música», ha señalado.

Además, ha recordado que, «apenas se inventó el sonido, a finales de los 20, entonces ya se pusieron como locos a hacer películas musicales, osea, el cine se ha estado sirviendo de la música todo el rato, pero sobre todo en el cine de ficción».

«Siempre la música es como que tenía que salvarle al cine, y yo en estas dos películas lo que he intentado es, en vez de servirme la música, yo servir a la música. Es decir, no usar la música para, aquí yo voy a hacer un plano enorme y tal, para que me den un premio en mi barrio. No, lo que importa es la música, intentar transmitir toda la emoción, la pasión, la belleza de la música a la gente», ha detallado.

Trueba ha incidido en que ha buscado «tratar al público como a tu mejor amigo, al que le invitas a casa, e intentas hacerle la mejor cena posible, para que se vaya feliz». «Son películas de placer y de felicidad, y de compartir, que es una cosa que yo creo que el arte tiene, el arte siempre es algo que queremos compartir con la gente que queremos», ha sostenido.

En ese sentido, ha asegurado que esta película «para mí es un acto de amor. Para empezar, al Niño Josele y a su música, que es lo el origen de que yo haga esta película». «Yo estoy enamorado de este señor y la película, bueno, ya lo demuestra», ha expresado.

En cuanto a la selección de los temas que aparecen en ‘Bajañí’, ha explicado que «durante meses, antes de la película, Josele y yo, hablábamos, escuchábamos, discutíamos de los temas que queríamos usar y a veces cambiábamos, se nos ocurría otro, de los músicos con los que nos gustaría y con los que soñábamos que él podía hacer las distintas músicas y tal, y entonces le íbamos dando vueltas y al final, pues todo va tomando forma, pero no es una cosa hecha así en una tarde, es un trabajo de conversaciones».

Tras señalar que «la comunicación de los músicos está retratada» en el largometraje, el cineasta ha resaltado las emociones que se reflejan el filme y que han traspasado incluso la grabación como ocurrió en el rodaje en Nueva York en el que «el subidón de los músicos siguió cuando se paró la toma» o los días en los que «hemos llorado de la emoción».

«Reconozco que es de un gran egoísmo, por mi parte, el decir, venga, vamos a coger aquí al músico que más te gusta, con otro de los músicos que más te gustan del mundo y tal, y hacer un paseo triunfal. Hay algunas ocasiones que la vida te permite esos momentos felices, y entonces lo bonito de una película es que los compartes con la gente, y esta en ese sentido es muy amorosa, es como darle un abrazo al público», ha expresado.

INTIMIDAD

Por su parte, Niño Josele ha valorado que a la hora de rodar ‘Bajañí’ ha podido mantener su intimidad para interpretar su música porque, según ha explicado, cuando se sentaba con la guitarra sentía que estaba solo, «ni un ruido de cámara, eso Fernando lo ha bordado».

En esa línea, ha señalado que, pese a mantener una amistad desde hace muchos años y haber hecho varios discos juntos, no había trabajado en el cine con el director de ‘Belle Epócque’. «Para mí es un gran maestro y de mi familia», ha subrayado, al tiempo que ha añadido que Trueba ha buscado «la frescura, la magia del momento, quería que estuviera al límite y me lo sacaba».

‘Bajañí’ es el nombre que recibe la guitarra española en caló. Partiendo de este instrumento, y en concreto, de la guitarra y el arte de Niño Josele, Fernando Trueba invita a los espectadores a un viaje musical en su cinematografía a través de tres planetas musicales: flamenco, jazz y música brasileña, donde Niño Josele y su guitarra dialogan musicalmente con Caetano Veloso, Ron Carter, Rubén Blades, Kenny Barron y Marisa Monte.


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