
La Malia, en localidad de Tamajón, sigue desvelando la vida de los primeros Homo sapiens en el interior peninsular
Publicado 19 Sep 2026 11:01
GUADALAJARA 19 Sep. –
El Abrigo de La Malia continúa desvelando, capa a capa, una historia que comenzó hace decenas de miles de años. La campaña arqueológica de 2026 vuelve a profundizar en los niveles paleolíticos de este yacimiento de Tamajón, donde un equipo multidisciplinar de alrededor de 15 especialistas ha trabajado estos días recuperando nuevas evidencias de las sucesivas ocupaciones humanas del abrigo.
La de este año es la novena campaña sistemática desde que comenzaron las excavaciones en 2018. En esta ocasión, los trabajos continúan proporcionando restos de los animales consumidos por aquellos grupos humanos, herramientas, carbones y evidencias de las hogueras que encendieron en el abrigo, además de materiales correspondientes a momentos más recientes de la Prehistoria.
No ha habido, en 2026, una pieza excepcional que protagonice la campaña y precisamente ahí reside una de las claves para entender cómo trabaja la arqueología. «Aquí lo interesante no es la pieza única, sino todo el conjunto», explica Adrián Pablos, investigador postdoctoral ‘Ramón y Cajal’ del Departamento de Geodinámica, Estratigrafía y Paleontología de la Facultad de Ciencias Geológicas de la Universidad Complutense de Madrid y codirector de las excavaciones. «Son los restos aparentemente insignificantes, su posición y los posteriores análisis los que permiten reconstruir lo que ocurrió en este lugar miles de años atrás», resume.
La excavación todavía no ha alcanzado el final de la secuencia arqueológica. Los investigadores continúan descendiendo hacia niveles más antiguos y mantienen abierta la posibilidad de que futuras campañas puedan alcanzar cronologías correspondientes a los neandertales. Por el momento no existen evidencias que permitan afirmarlo y serán las próximas excavaciones las que determinen hasta dónde llega realmente el yacimiento.
«Contamos con que es un yacimiento que va a dar su fruto a lo largo de varios lustros de recorrido», señala Pablos. La intención del equipo es seguir avanzando «con cuidado y con meticulosidad», conscientes de que cada estrato excavado contiene información que debe quedar perfectamente documentada.
Las investigaciones se desarrollan en el marco del proyecto PYHIP-Tamajón financiado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y cuentan con el respaldo del European Research Council (ERC), el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh), el Ayuntamiento de Tamajón, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt), junto a las instituciones científicas y universitarias a las que pertenecen los diferentes investigadores.
UN LUGAR AL QUE REGRESARON DURANTE MILES DE AÑOS
Lo que hoy se conoce de La Malia permite contemplar la campaña de 2026 con una perspectiva mucho mayor. Cuando el abrigo fue localizado en 2017 y comenzaron las excavaciones sistemáticas un año después, todavía estaba por descubrir que bajo sus sedimentos se conservaba una de las piezas que faltaban para comprender la llegada de los primeros Homo sapiens al interior de la Península.
El gran salto científico llegó en 2024. La revista internacional Science Advances publicó el estudio ‘Nobody’s land? The oldest evidence of early Upper Paleolithic settlements in inland Iberia’, que situó las ocupaciones humanas más antiguas documentadas en La Malia entre hace aproximadamente 36.200 y 31.760 años. El yacimiento conserva además ocupaciones posteriores, demostrando que aquellos grupos humanos regresaron a este territorio en diferentes momentos.
El descubrimiento obligó a revisar una idea asentada durante años. El centro de la Península había sido considerado prácticamente una «tierra de nadie» durante parte de aquel periodo, después de la desaparición de los neandertales y antes de las primeras evidencias conocidas de los humanos modernos.
Las investigaciones posteriores están permitiendo ir mucho más allá de saber cuándo estuvieron allí. Los animales que cazaron y consumieron, las herramientas de piedra, los restos de las hogueras, los sedimentos o los pequeños fragmentos de carbón permiten reconstruir poco a poco cómo vivían aquellas personas y cómo utilizaban el territorio.
En 2025, un nuevo estudio publicado en Quaternary Science Advances profundizó precisamente en las estrategias de subsistencia de los grupos humanos que ocuparon La Malia. El análisis de los restos animales apuntó al aprovechamiento de ungulados medianos y grandes y a estancias breves pero recurrentes en el abrigo, probablemente relacionadas con actividades de caza.
A ello se han sumado investigaciones sobre los restos de ADN antiguo de caballos recuperados en el yacimiento, que permitieron identificar los ejemplares más antiguos conocidos hasta el momento del denominado linaje ibérico. La repercusión de estos trabajos ha llevado el nombre de La Malia y de Tamajón a revistas científicas internacionales y también a medios especializados en divulgación.
ASÍ ERA TAMAJÓN HACE MÁS DE 30.000 AÑOS
El territorio que rodeaba La Malia no era muy diferente al actual. Las investigaciones dibujan un paisaje predominantemente arbóreo y templado que, con el paso del tiempo, evolucionó hacia condiciones más abiertas, frías y secas. Por aquellos espacios se movían caballos, ciervos, bisontes y otros animales que formaron parte de la alimentación de los grupos humanos.
Aquellas poblaciones eran nómadas. Se desplazaban siguiendo los recursos y utilizaron La Malia durante estancias relativamente breves, posiblemente de semanas o algunos meses. Conocían bien el territorio, sabían dónde encontrar animales y materias primas y qué lugares ofrecían mejores condiciones para refugiarse.
En La Malia encendieron fuego, prepararon los animales cazados y realizaron actividades cotidianas cuyos pequeños rastros han sobrevivido durante decenas de miles de años. La investigación muestra, además, que el progresivo endurecimiento de las condiciones ambientales no impidió que los Homo sapiens continuaran ocupando el interior peninsular. Su capacidad para adaptarse a esos cambios constituye otra de las grandes aportaciones científicas del yacimiento.
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