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Publicado 30 Mar 2026 13:06

· Fuente: Europa Press
¿Poco tiempo? Te resumimos esta noticia y aclaramos las dudas más habituales en un vistazo.

La primera fase del proyecto ‘Selección de biotipos autóctonos de variedades de vid castellanomanchegas’ ha concluido después de tres años de intensa labor de monitorización, identificación, análisis y creación de parcelas de investigación encaminada a la recuperación y selección de biotipos autóctonos de vid en Castilla-La Mancha.

Este proyecto, para el que se creó el Grupo Operativo Biovidman, tiene como objetivo principal la conservación de la variabilidad genética presente en los viñedos castellanomanchegos y mejorar la disponibilidad de material vegetal de las variedades Bobal y Airén, así como otras, minoritarias pero presentes aún hoy en los viñedos de la región y parte del patrimonio vegetal y agronómico de la misma.

«El estudio y la futura validación de clones certificados de estas variedades supone, además, afrontar los posibles cambios derivados del cambio climático, siempre de cara al mantenimiento de la actividad vitivinícola y la producción de vinos de calidad», según ha resaltado el gerente de la bodega La Niña de Cuenca –responsable de la coordinación técnica del proyecto–, Lorenzo López.

«El trabajo realizado hasta ahora es la base», ha indicado López, quien ha explicado que ahora «tendrán que desarrollarse iniciativas complementarias, en diferentes líneas de investigación, que vayan evaluando y creando una serie de resultados aplicables de manera efectiva y con los que se asegure la conservación de este extraordinario material vegetal».

Ese material está formado por una gran variedad de genotipos identificados y plantados en dos parcelas diseñadas de manera semejante, pero en distintas localizaciones, ha explicado la bodega en un comunicado.

«Son parcelas de dos hectáreas, una en Cenizate (Albacete) y otra en Tomelloso (Ciudad Real), en terrenos del Ivicam. Las dos parcelas son idénticas en cuanto al número y el tipo de injertos. Lo que cambia son las condiciones edafoclimáticas: una está en una ubicación con un clima más mediterráneo-continental como es La Manchuela y la otra en un enclave con un clima más seco y situado a una menor altitud (La Mancha) y donde la influencia de elementos como cerros o cordilleras también es menor», ha explicado López.

Con ello, se podrá observar cómo se comportan las plantas en diferentes escenarios reales. Junto a Bobal y Airén el proyecto incluye el seguimiento de otras variedades minoritarias: Mizancho, Churriago, Moscatel serrano, Azargón, Moribel, Tinto fragoso, Pintada, Montonera del Casar, Blanca del tollo, Zurieles, Maquías, Sanguina, Albillo dorado, Marisancho o Pardillo, Moravia agria, Pintaillo, Tardana, Rojal, Coloraillo, Tinto velasco y Moravia dulce.

«Todo lo encontrado en el proceso de investigación y prospección de ejemplares es relevante, pero hay que destacar, sin duda, los 99 biotipos de Bobal que hemos recopilado en diversas zonas donde todavía quedan viñas viejas, plantadas en sistema de pie franco, donde el material genético ha permanecido inalterado, y que indican la increíble diversidad de esta variedad que se ha ido adaptando a lo largo de siglos a cada zona», ha comentado.

Cada uno de esos biotipos es diferente y supone una fuente para la selección de material vegetal por su mayor o menor índice de polifenoles, variable grado de afectación de la marchitez o diferencias en el tamaño del grano. «Son 99 biotipos libres de virus: encontramos más, pero se descartaron para el proyecto por la presencia de esos virus».

Un proyecto de varios actores La continua pérdida de la variabilidad del material genético que está produciendo el arranque desmedido de viñedos viejos y la necesidad de conservar ese material para el futuro fue el origen de la creación del Grupo Operativo Biovidman.

La recuperación de ese material genético va unido a la necesidad de tomar medidas ante los efectos perjudiciales del cambio climático, que está modificando las condiciones medioambientales en todas las zonas vitícolas del mundo. Las variedades autóctonas tienen mucho que decir aquí, debido a su alta capacidad de adaptación.

«Esas variedades, así como la apuesta por otras también locales pero minoritarias, ayudan, además, a luchar contra la estandarización del vino y a dar singularidad, diferenciación e identidad, algo vital en todo el sector pero más aún, si cabe, en una Comunidad como la nuestra donde está el mayor viñedo del mundo y donde se produce el mayor volumen de vino de nuestro país», según Lorenzo López.

El trabajo del Grupo Operativo Biovidman, en el que junto a la bodega La Niña de Cuenca, encargada de la coordinación técnica, participan Vitis Navarra y el Instituto Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario y Forestal de Castilla-La Mancha, ha sacado a la luz la gran diversidad de variedades de vid en Castilla-La Mancha, resaltando, además, la esperanza para la viticultura regional que supone el hecho de que muchas de ellas estén muy bien adaptadas a los suelos y el clima de la región.

Todo ello, junto a los futuros resultados en las investigaciones –que se prevén altamente positivos– no hace sino subrayar el gran potencial de Castilla-La Mancha en el sector vinícola y señalar el camino hacia la construcción de una personalidad propia, claramente definida y con unos rasgos identitarios únicos, tan deseable como necesaria en un marco global cambiante y con consumidores cada vez más conocedores, exigentes y proactivos.

El proyecto Biovidman está financiado por fondos Feader de la Unión Europea; por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación; y por la Consejería de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural de Castilla-La Mancha. Organismos como Globalcaja colaboran en su difusión.


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